El lado oscuro de la sustentabilidad
- Salvador Sánchez Rodríguez

- 26 dic 2022
- 3 Min. de lectura
Para nadie es un secreto que los recursos naturales son cada vez más escasos y los costos aumentan día a día. Las grandes empresas han apostado por las energías limpias y la implementación de nuevas tecnologías para el desarrollo de sus actividades. Además, somos bombardeados con publicidad sobre diversos productos supuestamente más amables con el planeta.

A punto de terminar este año 2022, el primero, por lo menos completo, de la llamada "nueva normalidad" y viendo que el 2023 no será nada sencillo en materia económica y que en suma, tendremos que enfrentar la batalla por la aceleración del cambio climático y la prevención de enfermedades nuevas y pre-existentes, por mencionar solo un par de ejemplos, debemos de replantear si realmente el camino del incremento en el uso de la tecnología es la solución para los problemas creados por el mismo incremento de la tecnología.
Albert Einstein en una de sus frases ya famosas dijo "Tratar de resolver un problema repitiendo siempre la misma forma es una locura" y hoy, parece ser que los grandes capitales, los verdaderos dueños de los recursos, es lo que nos proponen para seguir adelante con nuestra vida tal cual es.
Han surgido términos en el lenguaje, no solo en el científico, que ya forma parte de nosotros, como: crecimiento sustentable, responsabilidad social, eco modernidad, sustentabilidad, amigable con el ambiente, entre otros; que en apariencia nos dan una sensación de minimizar el impacto ecológico de los productos o servicios que usamos a diario.
El objetivo de hoy no es llenarte de definiciones elaboradas por hombres de ciencias o llenar la hoja de argumentos en contra de las empresas maquiavélicas que se aprovechan de su poder, sino más bien de sembrar en ti una duda mediante un par de ejemplos sencillos que lleven a reflexionar sobre el propósito real de incorporar nuevos avances tecnológicos a la sociedad.
En primer lugar expondré el caso del cigarrillo, tenemos evidencia contundente de que fumar, introduce a nuestros cuerpos un sin fin de sustancias tóxicas que aumentan el riesgo de contraer algún tipo de cáncer, tener un infarto o provocar problemas durante el embarazo, si se es mujer. La respuesta al problema, usa un vapeador… Inglaterra, que tiene un grave problema de adicción a la nicotina, tiene unos 5 años con el uso de esta técnica para contener, al menos en apariencia, el consumo de cigarrillos. Pero como ya debes empezar a imaginar, aún no se tiene la evidencia necesaria y suficiente que sugiera que un paciente se recupera de su adicción y peor aún, no conocemos el impacto a largo plazo de los efectos causados por el líquido que se utiliza en las máquinas vapeadoras y que ingresa al cuerpo.

Por otro lado, tenemos a los autos, un ejemplo común para todos, el uso de combustible fósil y la propagación de gases con efecto invernadero es el principal problema en su uso. La respuesta, electrificación y uso de baterías. Sin mencionar los problemas por su pequeño almacenamiento de energía, estos autos no resuelven los problemas de movilidad de las grandes ciudades, tampoco reduce los efectos causados por la generación de electricidad y suma los problemas por los residuos generados por la construcción de los autos y en especial por el de las baterías. Se ha considerado que una pila de botón, una de las que se usa en un reloj, puede contaminar hasta 600 mil litros de agua; imaginas lo que puede hacer una batería de alto desempeño de un auto eléctrico.

En este sentido, Heberto Ferreira Medina, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM dijo para la gaceta de la universidad: “Es muy atractiva la idea de que un vehículo eléctrico no contamina con gases de efecto invernadero, porque ya no consume combustibles fósiles. Sin embargo, si no contamos con los procesos para reciclar sus baterías al final de su vida útil, tendremos un problema muy grave de contaminación de la tierra y de aguas superficiales y subterráneas” advirtió el experto.
Hace poco más de 7 años, tuve la oportunidad de participar en el taller de Emprendedores Globales organizado por el Seminario de Microinovación de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios para Pequeñas y Medianas Empresas impartida por el IPN y uno de los ejercicios que se nos dió fue: el de innovar un carrito de supermercado. Por supuesto entre los diseños que presentamos había toda clase de tecnología de punta incorporada al carrito, los cuales al analizar desde el punto de vista comercial, mercadológico y del objetivo principal del uso de nuestro producto, dejaban de ser rentables. La lección aprendida en ese ejercicio fue regresar al origen.
Quizá, estemos aún en tiempo de cambiar de rumbo la estrategia para mitigar los diversos problemas que aquejan a la humanidad y que nos llevan a un punto del que posiblemente no haya regreso.




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