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AMLO y su estilo personal de gobernar

  • Foto del escritor: Mauricio Espinoza
    Mauricio Espinoza
  • 19 abr 2021
  • 3 Min. de lectura

Nada a Medias

Durante mucho tiempo la oposición insistió en qué López Obrador era un inminente peligro para México, ese discurso lo hemos venido escuchando por lo menos desde el 2006 cuando compitió contra Felipe Calderón a la presidencia de la República. Durante todos estos años no ha existido motivo alguno para pensar que sea así.

Ese mismo discurso siempre ha llevado consigo la idea de que se pretende convertir a México en un país de corte socialista, al puro estilo de Cuba y Venezuela por ejemplo y que es con quién más se le compara. Sin embargo, ese discurso ha mostrado estar vacío y sin fundamentos sólidos.


Lo anterior no quiere decir que ciertas acciones o decisiones que llega a tomar el gobierno no tengan un carácter autocrático, es decir que la toma de decisiones pasa por un solo hombre. Eso es evidente, López Obrador siempre se ha caracterizado por ello y quienes votaron por él, quiero pensar que sabían cómo iba a ser la cosa.


Hoy López Obrador refleja lo que Daniel Cosio Villegas llamaba el estilo personal de gobernar, para describir a los presidentes de México del siglo pasado, pero nadie puede negar que siempre ha sido así, que cada uno de nuestros presidentes siempre han sido autócratas, la diferencia radica tal vez en el cinismo del que hoy es presidente, en su desfachatez o su naturalidad para expresar lo que piensa.


Estábamos tan acostumbrados a la hipocresía de nuestros gobernantes que hoy nos sorprende que nos digan las cosas a la cara, estábamos tan acostumbrados a eso que hoy nos cuesta trabajo creer que el presidente salga todos los días a decir lo que piensa, lo que quiere hacer (para bien o para mal). Durante años vivimos una simulación democrática y hasta ahora que un hombre se muestra tal como es, y nos quitamos la venda de los ojos y nos asustamos, nos sorprendemos y creemos vivir bajo un nuevo esquema de gobierno.


No nos confundamos, México y sus gobernantes siempre han sido los mismos, todos autócratas, todos realizando lo qué se le antoja a costa del país, todos pasando por encima del pueblo sin ningún empacho. México siempre ha sido un ornitorrinco, así describió Jesús Silva Herzog al sistema político mexicano. Parece que vivimos en democracia, pero la verdad es que estamos sumidos en una autocracia, parece que tenemos instituciones autónomas, pero pocas de ellas la tienen, parece que tenemos división de poderes, pero todos obedecen a voluntades que no necesariamente son las del pueblo mexicano.


Entonces aquel ornitorrinco de los años cincuenta, de los sesentas y más, nunca ha desaparecido, cambió, pero sigue estando aquí. Lo que es López Obrador lo han sido todos, pero sin quitarse la máscara. Quienes se asustan hoy de que se le puede ampliar el plazo a un juez para la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, son los mismos que hace cinco años ampliaron el periodo de consejeros del INE y los mismos que acomodaron en la suprema corte a personajes ligados a los diferentes partidos.


Simplemente el mal no es López Obrador, podrá realizar cosas buenas y malas como todos los que le han antecedido, pero el verdadero mal está metido tan al fondo de nuestro sistema político que no podemos darnos cuenta que es una tarea titánica eliminarlo, por ello la salida fácil es culpar al primero que con cinismo desmesurado nos dice lo que es México y cómo actúan quienes lo gobiernan.

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