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Cómo despolitizar una causa

  • Foto del escritor: Gilberto Alejandro Mejía
    Gilberto Alejandro Mejía
  • 8 jul 2021
  • 3 Min. de lectura

Sopa de letras

Cuando el sociólogo francés Pierre Bourdieu escribió su artículo titulado Contra La Política de Despolitización, en diversas partes del mundo se vivían múltiples protestas en contra de los efectos de la globalización o mundialización. En este texto, el académico se pronunció en contra de las políticas económicas orquestadas desde los grandes organismos de control de capital y que tienen por objetivo minimizar el alcance de los estados nacionales para abrirle camino al mercado bajo la retórica de libertad y liberalismo.



Estas políticas derivan, paradójicamente, en una despolitización de los gobiernos de cada país que se traduce en incapacidad para controlar la economía, pero además provocan que los movimientos sociales que nacen en cada nación pierdan alcance e impacto para transformar la realidad social y cumplir con sus demandas. Según el autor, el mecanismo se desarrolla por medio de leyes internacionales, pero además en el dominio simbólico conformado por múltiples capitales propios de la hegemonía económica que se ejerce a través de los grandes medios de comunicación.


Hoy en día, dos décadas después de su publicación, este análisis sigue teniendo gran relevancia si pensamos en las formas en que las demandas de los movimientos están siendo atendidas por los partidos, los gobiernos y la prensa. El ejemplo más cercano que tenemos en nuestro país es del supuesto desabasto de medicamentos para niños con cáncer, un tema que por su naturaleza y sensibilidad despertó el interés mediático y de opinión pública.


No es mi intención utilizar este espacio para desmentir lo que argumentan las personas que se han manifestado en los últimos días pues la información de todas las partes se ha hecho pública, incluso de quiénes están detrás de las protestas y con qué fines lo están haciendo. Sin embargo, sí rescato el tratamiento que le dieron los medios de comunicación pues se trata de un mecanismo, retomando las palabras de Bourdieu, de despolitización de un tema de salud pública que debería ser abordado con objetividad y no para fines particulares de las empresas de comunicación y de los partidos políticos.


Desde que inició la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, los medios de comunicación cambiaron radicalmente de chip, ya que de ser tapadera de los gobiernos anteriores, maquillar la realidad a modo de que pareciera que no había violencia ni corrupción y silenciar a las voces disidentes, hoy se asumen como portavoces de infinidad de causas progresistas que no dejan de utilizar para atacar y disentir de todo lo que tenga la marca de la 4T. Quién se iba a imaginar por ejemplo en años anteriores que un día Brozo sería feminista, a Denise Dresser preocupada por la violencia cuando ella misma defendió la guerra de Calderón en Estados Unidos, o que las señoras y señores de Tercer Grado estarían indignados por los niños con cáncer cuando no dijeron nada de Javier Duarte y el agua destilada que les dieron en Veracruz en lugar de quimioterapias.


Analógicamente a la propuesta de Bourdieu, esta situación evidencia una captura de las causas para convertirlas en otro de múltiples capitales de que se vale la hegemonía económica y política para sostenerse en su posición de dominio. Dicho de otra forma, los movimientos sociales están perdiendo su peso político y por tanto su impacto social en manos de personajes que no hacen más que velar por sus propios intereses y sostener el sistema como lo conocemos. La ironía de ver un feminismo mediático patriarcalizado, una diversidad sexual heteronormada y blanca, un movimiento por salud pública en manos de quienes por años le robaron al sector salud.


Y no se me entienda mal, con esto no quiero decir que los medios no deberían informar ni tener al tanto a la población sobre los errores y desatenciones en que incurre el gobierno, sino más bien que éstos no deberían ser la voz de los movimientos y quienes le den dirección a los mismos. El propio Pierre Bourdieu en su análisis menciona que los medios, en tanto que representan y son parte del statu quo, son incompatibles con cualquier manifestación social que tenga por objetivo cambiar radicalmente al sistema y en ese sentido, su función debe limitarse sólo a la de una ventana informativa.


Ojalá empezáramos a ver la indignación como un motor objetivo para cambiar los mecanismos de atención estatal y a la sociedad desde sus bases, y no como una pinche virtud romántica que sirva como estrellita en la frente para dotar automáticamente de bondad a quien sea que se la coloque. Las causas están perdiendo el camino y ello podría llevarnos a un retroceso de todo lo que se ha ganado para cederle paso al control social en función de los grandes capitales. Ya conocemos las consecuencias. Los medios de comunicación no son aliados.

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