Del barrio al mundo
- Marcel Sanromà

- 12 ene 2021
- 3 Min. de lectura
¿Puede el trumpismo sobrevivir hasta 2024?
Este miércoles los demócratas abrirán, con toda Seguridad, un segundo proceso de impeachment contra Donald Trump. Será algo histórico, pues el presidente saliente de Estados Unidos se convertirá en el primero de la historia del país en ser sometido a dos juicios políticos. No es que el primero no tuviera motivos sobrados para haber salido adelante –si no hubiera sido por la cobardía de los legisladores republicanos—, pero este segundo es todavía más factible. El problema, por supuesto, es que arrancará a exactamente una semana para que Joe Biden pierda la etiquetita de “electo” y sea ya presidente de Estados Unidos de América.

Después de varios días de especulaciones y dimes y diretes, queda ya claro que la estrategia demócrata es iniciar ya el proceso, pero enviar el juicio como tal al Senado una vez Trump haya dejado la presidencia. Me explico: Para iniciar el proceso es necesario que el cargo juzgado –en este caso, el presidente— esté en ejercicio, pero no es imprescindible que para seguir adelante ni menos aún para terminarlo todavía sea esta la situación. De hecho, hay un precedente: en 1876, el Congreso enjuició al secretario de Guerra del presidente Ulysses S. Grant. Finalmente lo absolvieron, pero eso ahora no es importante.
La idea demócrata es que el proceso, una vez amarrado, no entorpezca el arranque del mandato de Biden, puesto que temen que causaría demasiadas turbulencias y –como han alertado tanto legisladores demócratas como varios republicanos benevolentes— torpedearía su repetido discurso de pasar página de Trump rápidamente y buscar reunificar la sociedad estadunidense.
Entonces, si no es posible echarlo del cargo antes de que termine el día 20 de enero, y el proceso buscarán alargarlo para no molestar a Biden, ¿qué sentido tiene? La explicación se encuentra en una cláusula de la Constitución de EU, que permite que, si se destituye a un cargo oficial en un impeachment –cosa que no ha pasado nunca en el país—, se le puede vetar de por vida para ejercer de nuevo un cargo público.
Los demócratas, y apuesto a que ahora muchos republicanos que ansían recuperar el partido, buscarían usar esta cláusula –siempre que lograran convencer a 17 senadores republicanos para que voten a favor del impeachment— para frenar; no, para destruir los deseos de Trump de presentarse de nuevo a las elecciones de 2024. Porque, sí, legalmente podría y que nadie dude por un instante que ese sería su deseo.
Por supuesto, aún sin impeachment –que, seamos realistas, no es un imposible, pero sí es difícil que triunfe— Trump enfrentará múltiples causas judiciales y penales una vez abandone el poder, y, si en alguna de ellas, en alguno de los casos gordos, se le hallara culpable, podría terminar pudriéndose en la cárcel. ¿Cuáles casos gordos? Pues: la obstrucción a la Justicia en la investigación de la trama rusa, la coacción a gobiernos extranjeros en las presiones a Ucrania para que investigaran al hijo de Biden, el financiamiento ilegal de campaña por los pagos para silenciar a actrices pornográficas y, por supuesto, la más reciente: incitación a la insurrección armada contra el gobierno; sedición, vaya.
Sin embargo, la realidad es que cualquiera de estas causas penales tomará años entre indagatorias, juicio y apelaciones posteriores, por ello los demócratas –e, insisto, más de un republicano— ven en el impeachment, aunque tome meses, un importante atajo para evitar que, durante estos años de juicios, y aún sin tener ya cuenta en las grandes redes sociales, el mandatario continúe desestabilizando al país.
Pero la amenaza no es solo Trump, lo son también sus seguidores. Mientras el mandatario saliente de EU continúe en libertad, la base fanatizada de seguidores que se ha labrado el magnate a base de mentiras y de retórica abiertamente fascista –el discurso del pasado miércoles para incitar el asalto al Capitolio fue una clase maestra de propaganda del fascismo clásico— continuará enfervorecida. Y para entender cómo será esto posible basta ver el discurso de la base de seguidores de la teoría conspiranoica de extrema derecha QAnon, que, a ocho días del cambio de gobierno, sigue insistiendo en que “Q”, el supuesto agente infiltrado en el gobierno para destapar una red de pedofilia de las élites izquierdistas mundiales, lanzará una bomba informativa que permitirá a Trump revalidar su mandato. Ahá.
Si Trump no está o vetado de por vida para ejercer cargo público o en la cárcel, no importa qué tan escasas sean las posibilidades, sus seguidores seguirán creyendo en un segundo mandato del líder republicano y continuarán desestabilizando a la sociedad estadunidense con mentiras y conspiraciones. Y, de paso, continuarán desestabilizando a medio mundo: Y si creen que exagero, sepan que el 7 de enero hubo una manifestación a favor de Trump en el centro de Tokio.




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