Del barrio al mundo
- Marcel Sanromà

- 19 ene 2021
- 4 Min. de lectura
¡Hasta nunca, Trump! Y ¿Qué esperar del gobierno de Biden?
Este martes es el último día completo de Donald Trump como presidente de Estados Unidos; mañana a las 11, hora de México, Joe Biden será investido como cuadragésimo sexto mandatario estadunidense, y el país podrá, quizás, empezar a pasar página de la legislatura más tóxica de su historia, al menos desde la Guerra Civil.

Como escribí en una columna anterior, no hay razón para pensar que el trumpismo, el seguimiento fanático de los postulados racistas del mandatario saliente, desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, Biden tiene la oportunidad de ocuparse de los asuntos que verdaderamente preocupan a la ciudadanía, en ambos extremos del abanico ideológicos, como la economía y la sanidad, y lograr, así, rebajar la efervescencia de los seguidores de Trump.
Desde luego que, como presidente, la obligación de Biden, como de cualquiera de los anteriores mandatarios, es hacer ese mismo trabajo, pero ahora es más necesario que nunca que el nuevo presidente deje de lado lo más posible la politiquería y se ponga manos a la obra.
PANDEMIA
Y, de entrada, parece que así va a hacer. El demócrata ya ha dicho que desde el día 1 trabajará para cambiar el rumbo de la vacunación contra la COVID-19 en el país, un proceso que dijo que hasta ahora ha sido un desastre. Además, emprenderá la tarea el día después de que EU llegase, este martes, a los 400 mil fallecidos. Ahí es nada.
INMIGRACIÓN
Además, Biden tiene previsto dedicar algunos de sus primeros esfuerzos a revertir el legado de odio a los migrantes que deja Trump. Se prevé que mañana mismo el demócrata anuncie un plan para dar un camino a la ciudadanía en ocho años a alrededor de 11 millones de indocumentados, los que se calcula -de forma muy poco precisa- que viven en EU. Esto, lógicamente, es de suma importancia para México, pues de esos once millones, unos ocho se presume que son mexicanos.
CAMBIO CLIMÁTICO
Otro de los puntales del nuevo gobierno es dejar atrás cuatro años de oscurantismo científico, con un enfoque centrado en la lucha contra el cambio climático. Biden coloca en su página web de transición como punto focal el ambientalismo, y en ese campo ya tiene a todo su gabinete dibujado, incluyendo a una secretaria del Interior de origen nativo americano, la congresista Deb Haaland, y a un director afroamericano de la Agencia de Protección Ambiental, Michael Regan. A diferencia del primer ocupante del cargo bajo el gobierno de Trump, que procedía del lobby petrolero (sí, todavía me parece increíble cuando lo escribo o digo), Regan es un hombre de carrera en el sector, donde ha servido en la EPA a gobiernos demócratas y republicanos y además tiene pasado como vicepresidente asociado del Fondo de Defensa Ambiental, una ONG ambientalista.
Además, por supuesto, se espera que EU regrese rápidamente a los Acuerdos de París. Pero con eso no basta, y cabe exigir a Biden que vaya más allá. Por ejemplo, podría reconsiderar su rechazo al Geen New Deal, el plan de impacto –y urgentemente necesario- que presentó en febrero de 2019 la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez con apoyo de Naciones Unidas e incluso de la empresa energética Ibedrola.
SANIDAD
En sanidad, Biden tiene ante sí un reto de proporciones titánicas: Conseguir sacar a EU del pozo del control privado de la salud, que condena a cientos de millones de estadunidenses a vivir con el miedo en el cuerpo por si se enferman y no pueden pagar las facturas y con el agua al cuello a quienes, efectivamente, enferman.
Una encuesta del Pew Research Center reveló en 2020 que un 60 por ciento de estadunidenses cree que el gobierno debe asumir la mayor responsabilidad en la salud. Sin embargo, las expectativas son bajas, porque, como siempre, el principal escollo es el rechazo corporativista republicano y del lobby de las aseguradoras.
POLÍTICA EXTERIOR
En política exterior es donde el proyecto de Biden se torna algo más difuso. No sabemos qué aproximación tomará el nuevo gobierno hacia China, con unas relaciones más tensas que nunca tras la guerra comercial –y la acusación de genocidio a los uigures contra Pekín emitida este mismo martes—. Con Rusia, eso sí, se espera un endurecimiento de la postura.
Entre tanto, se da por supuesto, que Washington reconstruirá la relación con sus aliados tradicionales, como Reino Unido, la Unión Europea y, especialmente en materia de defensa, la OTAN. Además, se espera un poco de relajamiento tanto con el régimen cubano –retomando el camino del deshielo que emprendió Barack Obama en 2015- y un intento de regresar a las negociaciones nucleares con Irán.
DIVISIÓN Y RACISMO
Pero, por supuesto, uno de los aspectos más importantes del gobierno de Biden será saber si será capaz de reconducir la crisis de racismo que vive EU tras cuatro años de tener a un racista en el Despacho Oval. Parece difícil, sin embargo, que el demócrata logre apaciguar los ánimos de unos y otros con palabras. Y mientras el sector trumpista le atacará por no mantener la línea dura contra los activistas de Black Lives Matter, tampoco estos deben estar felices con el rechazo de Biden al proyecto de reformar la policía, uno de los puntos clave del asentamiento del racismo sistémico en EU.
En definitiva, Biden debe demostrar que, como dijo en agosto en la convención demócrata, él representa el camino de la luz. EU necesita ahora mismo un líder, alguien que sea capaz de desterrar definitivamente el oscurantismo y toxicidad del gobierno de Trump y no puede permitirse tener al mando a alguien que pase a la historia como quien no tuvo la energía ni la visión suficientes para lograrlo y permitió que el fanatismo ultraderechista regresara al poder en 2024.




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