Después de la muerte
- Michel Maya

- 16 jul 2021
- 3 Min. de lectura
Letras Umbrías
¿Qué pasa mientras se está muriendo? Debo especificar que no hablo de una muerte física, hablo de la muerte de sueños, de cuando mueres por depresión, de soledad, de cuando se te muere el amor propio. Te mueres, eso pasa, te mueres en partes, una a una van cayendo a la par con tus lágrimas. Mi experiencia con esta muerte derivó en una anemia que provocó que, literalmente me secara y parara en el hospital en dos ocasiones con 4.5 de hemoglobina.

Aprendí a sonreír aunque las comisuras de mis labios se rompieran, recurrí a fingir carcajadas para tapar mi boca y que no se notaran las gotitas de sangre. La debilidad se apoderó de todo, los pensamientos no coordinaban y cuando lograban hacerlo no tenían sentido. En un segundo de buen humor y al siguiente, el cuerpo estaba ardiendo por la ira que proviene de quién sabe dónde. Lo peor es cuando se pasa al estado de desolación, porque es el estado en el que las esperanzas se pierden y es difícil volver, muchos no vuelven.
El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde. […]
Fragmento del poema El despertar Alejandra Pizarnik.
Cuando la agonía empieza a prologarse, la mente hace sabotaje contra el cuerpo y el cuerpo se defiende haciendo lo mismo. Los pies no caminan, el corazón se acelera a mil por hora, el cabello se cae, te secas por dentro y por fuera, los ojos ya no lloran más y cuando lo hacen ya no hay lágrimas porque se acabaron de tanto llorar sin razón o con razón, miles de pensamientos, imágenes de cuando eras feliz o cuando no lo eras o cuando creías serlo, aparecen frente a tus ojos mientras esperas el camión, mientras intentas parecer “normal”, la voz que se oculta detrás de tus oídos murmura sin cesar lo que vales y lo que no. El conflicto se intensificó cuando llegó el momento en el que la negación provocó el no aceptar, el no dar entrada al entendimiento, que parece que no termina de llegar y en muchas ocasiones, nosotros mismos retrasamos o hacemos que nunca llegue. pero, ¿por qué pasa esto? En el momento en el que todo esto sucedió, un especialista me dijo: “creaste falsas expectativas” otro dijo: “eso pasó por no hablar” y un último remató: “tú lo provocaste todo”. ¿Quién de todos ellos tenía razón? Ninguno y al mismo tiempo todos.
¿Qué pasa después de la muerte? Pasan muchas cosas, varias de las opiniones especiales sin duda fueron de mucha ayuda, pero, en mi experiencia lo más importante fue, querer salir, no rendirse, no dejar de luchar, volver a confiar en mí misma y volver a recuperar el amor por mí, hay otra cosa es esencial, el perdón, perdonarnos a nosotros mismos brinda la apertura de la sanación.
La recolección de nuestros trocitos nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos, el camino vuelve a tener luz, ponemos una bandita en las heridas, las cuidamos con amor hasta que se curan por completo, aprendemos a amar nuestras cicatrices de guerra y a caminar de nuevo con la cara en alto, valoramos a nuestros seres queridos y nos damos a valorar, Sí, también vamos con cierto temor a arriesgarnos pero lo importante es no dejar de hacerlo. Resucitamos y ahora andamos sin olvidar que salimos triunfantes y que si no ponemos atención a nuestro andar o si andamos con miedo, podemos volver a caer. Entendí que vinimos a vivir, a sangrar, a amar, a odiar, a perdonar, a morir… venimos a sentir.
Pues esto es la vida, este aullido, este clavarse las uñas en el pecho, este arrancarse la cabellera a puñados, este escupirse a los propios ojos, sólo por decir, sólo por ver si se puede decir: « ¿es que yo soy? ¿Verdad que sí? ¿No es verdad que yo existo y no soy la pesadilla de una bestia?».
Y con las manos embarradas golpeamos a las puertas del amor. Y con la conciencia cubierta de sucios y hermosos velos, pedimos por Dios. Y con las sienes restallantes de imbécil soberbia tomamos de la cintura a la vida y pateamos de soslayo a la muerte.
(Fragmento del poema Mucho más allá Alejandra Pizarnik)




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