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El camino menos transitado

  • Foto del escritor: Liliana Páez Villaseñor
    Liliana Páez Villaseñor
  • 30 jul 2021
  • 7 Min. de lectura

La caballerosidad en la actualidad


Investigando el origen de la palabra “caballero”, así como las formas en las que a través de la historia se ha entendido y su actual definición, encontré un campo semántico maravilloso en torno a su significado, en el que se pueden enlistar las siguientes palabras: noble, gentil, atento, solidario, valiente, leal, cortés, distinguido, generoso, atento, templado, fuerte, honorable, servicial. Sin duda un caballero posee las más altas virtudes humanas.

La palabra como tal, hace referencia al jinete que monta a caballo, de origen noble. El caballero en la antigüedad tenía un prestigio social y económico, por el costo que implicaba el solo poseer y mantener un caballo. El caballero de la Edad Media, vino a sustituir al bárbaro guerrero, lo que significó un progreso. Uno de los pilares que regía la vida de un caballero era su código de honor, que le exigía una conducta moral y social, que lo distinguía, y que no se limitaba sólo al arte de la guerra. Antes de ganar el nombramiento a caballero, primero, el joven aspirante se desempeñaba como paje y escudero, posteriormente, mediante una ceremonia de investidura era ascendido, en dónde hacía el juramento en el que se comprometía a ser valiente, cortés y leal.


Caballero en inglés Knight , deriva de Cnight, palabra anglosajona que significa sirviente, en primer lugar un caballero sirve a su rey. Caballeroso o hidalgo en España, es el hombre que posee la virtud del servicio atento, fuerte, honorable y gentil con las mujeres, los humildes y los desfavorecidos, tiene la autoridad de impedir cualquier osadía, bajeza o grosería bajo su conocimiento.


En la época actual se considera caballero al hombre distinguido, gentil, atento y solidario. También se usa como sinónimo de hombre adulto o señor.


En su sentido más frívolo, el caballero se relaciona con la mera galantería cortés.


También está el llamado caballero de industria, que básicamente es un estafador, quien para lograr sus fines adopta o finge los modales del caballero real.


La caballerosidad, desde hace unos años atrás y sobre todo, en el contexto del auge del feminismo en sus diferentes manifestaciones, ha sido cuestionada. Se ha dicho que detrás de la caballerosidad se esconde una intención machista, en la que además se demerita a la mujer, pues este trato pareciera dejarla en calidad de indefensa o incapaz, lo cual por obvias razones enardece el orgullo de la mujer moderna que es autosuficiente, independiente y poderosa. Sin embargo, la definición menciona que el caballero da servicio a la mujer y al desvalido, por separado, no son el mismo caso.


Recuerdo mis años de universidad, en los que yo misma creía en esa postura del caballero-macho, y hacía por que valiera ante los demás, principalmente con los varones, el discurso de esos años en el ambiente académico e intelectual era un combustible que nos empoderó como mujeres, poco a poco este discurso pasó a todas las áreas de nuestra vida, al menos así lo recuerdo. De tal modo que se generó una energía tremenda enfocada en la mujer, en la que se hizo frente al machismo que tanto daño causó en generaciones de mujeres en culturas como la nuestra, en la que imperaba está forma de sometimiento que ejercían, la gran mayoría de los hombres sobre la mujer, muchos continúan haciéndolo a pesar de los cambios de mentalidad, de la evolución de las leyes al respecto y de la nueva actitud femenina que se rebela ante esta injusticia, hablando y enfrentando con valentía a sus agresores.


Pareciera incluso que este movimiento en defensa de la mujer, ha molestado tanto a los hombres poco evolucionados, que la respuesta ante esta manifestación, es el llamado “feminicidio”, ya lo dijo Isaac Asimov “La violencia es el último recurso del incompetente”, nada justifica esos actos, sin embargo, hay un lógica más profunda de lo que parece operando en todos esos hechos, para ambos lados de la moneda.


Los roles de cada género han tenido grandes cambios en el último siglo, ajustes que eran necesarios para vivir una nueva era, y esto como todo, implica un proceso, en el que se aprecian distintos momentos; por mucho tiempo las energías originarias la femenina y masculina han estado descompensadas, la masculina es la que había imperado, inclinando la balanza hacía su lado, después viene el momento actual en la que la mujer se ha posicionado con fuerza e iniciado una lucha por tener un lugar más equitativo en la vida social, en síntesis podemos decir que hemos vivido una polarización de fuerzas entre el hombre y la mujer, es un fenómeno natural, caer en los extremos, para después acercarnos a la parte más difícil: el punto medio, que es dónde se encuentra el equilibrio.


En este sentido, hago una invitación a movernos hacía ese punto medio, considerando que no todos los hombre son violentos, injustos, desalmados… y todo aquello que se nos ocurra para condenarlos. Entendamos que, son más los hombres que se hacen cargo de sus familias, que son honestos, trabajadores, que atienden sus emociones, que apoyan a la mujer en su causa, etc.; reconozcamos que en otro nivel se está también gestando una nueva masculinidad, la que podemos estar ignorando por ver solamente, como es la tendencia humana, el punto negro, en un enorme y lleno de posibilidades, fondo blanco. No deben pagar todos por las actitudes de unos cuantos, eso también es injusto, la verdadera búsqueda de la armonía debe contemplar las dos fuerzas para lograr ese equilibrio.


En ese sentido recuperar el rol del caballero, alejado del prejuicio del oculto machismo, es un recurso para reconocer, valorar y aprovechar las virtudes de los hombres que tienen la intención de dar un servicio a su familia, a la sociedad, a sus semejantes, a su mujer. Empecemos a ver que el buen trato, la cortesía, el cuidado, no restan fortaleza ni capacidad a quien lo recibe, una de las claves para poner en movimiento la abundancia, en todos los sentidos, implica dar, pero también saber recibir, y estamos ávidos de abundancia de armonía en nuestro mundo.


Otra de las razones por las que es urgente cambiar nuestro enfoque en cuanto a la concepción que tenemos del hombre, en general, es que las creencias que tenemos acerca de los hombres, determinan nuestra relación con ellos.


De tal manera que si nuestra idea es que son “malos”, solo hombres malos se manifestarán en nuestra realidad, es así como funcionan las profecía autocumplidas, nuestras creencias condicionan nuestra realidad, nuestro juicio determina el comportamiento de todo en nuestro entorno, tanto que se termina cumpliendo lo que en el depositamos, recuerda, lo que crees es lo que creas.


¿No nos conviene como mujeres, creer que hay hombres geniales, evolucionados, fuertes, espirituales y caballerosos a nuestro alrededor?, pensemos que cada día son más los que se manifiestan en nuestra realidad, y que somos dignas de relacionarnos con ellos, de ser su amiga, compañera, hermana, madre, hija, pareja.


Propongo la reivindicación del caballero, en un esfuerzo por ir acercándonos, para tocarnos las puntas de los dedos entre géneros. Lo creo necesario y daré otro motivo. A pesar de los avances tecnológicos, científicos, del cúmulo de conocimientos que se ha logrado, en nuestra naturaleza persisten nuestras memorias más primitivas, en las que el hombre, por sus características biológicas se posicionó como el protector de su descendencia, era un logro ganar un lugar privilegiado en el clan, el liderazgo, porque eso significaba, mantener su línea genética; es un instinto que el hombre no pueden controlar, está en su naturaleza, como lo está en la naturaleza femenina, la socialización y la habilidad emocional. Ser caballero es un impulso biológico, ser un héroe y ganar, son necesidades profundas de un varón, y la mala noticia es que si estás no se ven satisfechas, se apaga ese instinto y se vuelven en esos niños-hombres de los que ya no necesitamos las mujeres, o se alejan del lugar en el que no ven realizadas sus expectativas para buscarlas en otros rumbos.


Hablándolo desde una perspectiva espiritual, la naturaleza humana está cambiando, el ADN está evolucionando, las energías femenina y masculina, están encontrando nuevas formas de convivir, aún sin percatarnos de ello, y eso favorecerá cada vez más el equilibrio de nuestro planeta, en su dualidad. Estamos creando nuevos campos energéticos en los que indudablemente nos encontraremos en el punto medio hombres y mujeres, pero mientras esto va sucediendo ayudemos a que el flujo vaya por la unidad, no por la lucha, toda lucha implica conflicto, si nos enfocamos en fluir con el amor, nuestra consciencia se irá abriendo a posibilidades que serán el escenario de una nueva forma de vida humana. La lucha dispersa nuestra energía, es un desperdicio, en lugar de ello, podemos enfocarla en entendernos y apreciarnos con nuestras diferencias, aprender sobre ellas, abrazarlas.

Este es un mundo dual, es por contraste que aprendemos las lecciones de la vida, la oscuridad que nos han mostrado los seres crueles que han dado muerte a tantas mujeres, tiene un mensaje para nosotros, para mostrarnos nuestra propia oscuridad, entendamos que es producto de nuestra creación, es el reflejo del miedo, el odio, la intolerancia que está en nosotros, ahora apelemos a la luz de la conciencia para transformarlo, en amor, aceptación, compasión, poniendo nuestra mirada en los caballeros que quieren lo mejor para esté mundo y dejando de darle fuerza con nuestra atención a la oscuridad de los que no lo son.


En conclusión escribo lo siguiente: “un caballero se define cuando hace sentir cómodo al entorno donde se encuentra, cuida de su gente, de su sociedad y de la humanidad en general, sin necesidad de impactar al género opuesto, su cortesía se vale en pensar antes por los demás y después por él, se atribuye el honor al cumplir lo que dice, la clase la demuestra en el trato impecable que les da a los demás. Quiero pensar que un verdadero hombre evoluciona a caballero cuando toma conciencia de que está en este mundo para proteger, cuidar y preservar lo que le ha sido concedido”. Palabras de un caballero.

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