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Esta no es una columna

  • Foto del escritor: Ángel Armando Castellanos
    Ángel Armando Castellanos
  • 20 ene 2021
  • 2 Min. de lectura

Tu Dios es comunista


Ellos están en el mar, en donde la playa coquetea con el peligro, en donde ellos saben estar.

Parecen separados, parecen ausentes, antisociales porque parece que están solos... pero van juntos y están juntos.


Son cuatro. La barriga, las canas, la piel desnuda y quemada en la cabeza delata la indisimulable edad. Más de 60, seguramente.


Lanzan la red una y otra vez. El cielo les grita que no, pero ellos le repiten que sí. Su esfuerzo contrasta con la señal de resignación que viene de arriba. La esperanza a veces es insoportable para quienes asumen el mando de los desesperanzados.


"No hay para comer, no hay trabajo", dice uno de ellos, con la cara de ilusión transformada en mueca de realidad.


La malla está casi vacía. Atrapó a dos pescados.


Habla de uno de sus cómplices y los ojos se le llenan de brillo.


-Él tuvo suerte, atrapó a un robalo-


Al conversar se juntan los cuatro. Son un clan de esperanzados, uno que salió al mar sin barca porque tenía que salir al mar sin barca. Y les gusta, y lo odian, y lo viven, y lo esperanzan y lo sonríen.


Se van y se ocultan atrás de una barra rehecha para dejar salir al río y dejar que se convierta en mar. De eso depende que los cañaverales no se inunden y pueda cosecharse la caña y pueda volverse azúcar y beberse en coca-colas. La culpa la tiene la Coca-Cola.


En minutos huele a leña y a pescado asado. Y se congregan más y más personas. La fe mueve montañas, pero el hambre llena los patios de las familias de los congregados en busca de encontrar lo no encontrado, y también lo que se le perdió al mar.



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