Hablando con el espejo
- Michel Maya

- 6 ago 2021
- 2 Min. de lectura
Letras Umbrías
¿Cuántas veces hemos hablado con personas que fingen escuchar, con otras que escuchan solamente para juzgar o con las que no escuchan y terminan hablando de sus problemas? Seguramente muchas, lo peor no es el darnos cuenta de ese hecho, sino el seguir acudiendo a esas mismas personas. La comunicación humana es sumamente complicada y cuando creemos encontrar a esa parte que entiende nos dejamos llevar y ya no vemos o ignoramos que somos ignorados.

Cuando nos encontramos frente a estas paredes la conversación se convierte en la pura acción de desahogo, de sacar lo que traemos dentro, aunque regresando a casa, todo sigue igual. Las complicaciones aparecen cuando en realidad queremos expresar algo y no hay respuesta del otro lado. Los problemas se agrandan y las soluciones se ven lejanas.
Debemos aprender que tener diálogos con un solamente el canal de emisor activado no es bueno, hablar y hablar sobre lo que nos molesta, nos lastima o nos interesa sin recibir respuesta es una señal de que lo que decimos no es importante para la otra persona y por ende, no obtendremos, ni ayuda ni consuelo, al contrario, corremos el riesgo de salir más lastimados.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto…
Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
Fragmento de Melancolía, Rubén Darío.
La necesidad de comunicarnos es primaria y a esta se le une el miedo a no cuadrar y la dependencia emocional entra como una corriente de aire por la ventana, haciéndonos creer que necesitamos ser escuchados por esas paredes carentes de sentimientos hacia nosotros, porque hay algo que olvidamos, a veces esas paredes si escuchan pero, a personas de su elección.
El deshacerse de las ataduras es muy difícil y puede parecer imposible. Se requiere mucha fuerza y voluntad. Sólo no hay que olvidar que en esas paredes muchas veces hay un espejo, un aliado en la construcción de un monólogo interno que nos salvará de nosotros y de los demás, porque no hay mejor crítico y consejero que nuestro yo interno. Permitámonos escucharnos y sanarnos, porque nadie más lo hará. Entendamos que si nuestras gotas de melancolía no son escuchadas, no es necesario intentar una tormenta, lo mejor es retirarnos con nuestra nube a cuestas hacia el horizonte, donde encontraremos al sol brillar.





Estoy totalmente de acuerdo con la introspección para sanar no hay mejor amigo o enemigo que uno mismo.