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Lavado de manos, la historia de su rechazo.

  • Foto del escritor: Salvador Sánchez Rodríguez
    Salvador Sánchez Rodríguez
  • 30 dic 2021
  • 2 Min. de lectura

Puedes imaginar, en medio de esta contingencia sanitaria un debate sobre el lavado de manos. Es casi imposible pensar hoy en día que esto pudiese ocurrir, pero en algún punto del siglo XIX ocurría.

El lavarse las manos con la certeza científica de que sirve para prevenir algunas enfermedades se lo debemos al médico húngaro Ignaz Semmelweis, quien demostró que esta práctica está relacionada con la transmisión de enfermedades a través de la manipulación de diferentes cosas por medio de las manos.

Si bien es cierto, la historia marca diferentes posturas sobre la higiene, en los casos más extremos encontramos a los antiguos habitantes del valle de México que lavaban sus cuerpos y dientes de formo diaria, al contrario de los europeos y que por tales motivos eran recibidos con incienso y la quema de hierbas aromáticas para mitigar su hedor dentro de las casas de los nobles mexicas.

En aquel 1847, la limpieza personal seguía ganando consideración entre las clases acomodadas europeas, pero, como recuerda Peter Ward autor de The clean body: a modern history (El cuerpo limpio, una historia moderna), se le daba una importancia más social que médica. Bajo ese contexto, cuando un médico húngaro, Ignaz Semmelweis (1818-1865), cuestionó las prácticas de sus colegas señalando que podían dar lugar a enfermedades, se enfrentó al rechazo y a la negación de que los médicos transmitieran malestares a sus pacientes.

Los estudios del Dr. Semmelweis se llevarón a cabo dentro del hospital general de Viena, cuya área de maternidad contaba con dos alas. En la primera, atendida por comadronas o parteras, donde las muertes de madres a consecuencia de infecciones y fiebre puerperal eran muy elevadas, pero en la segunda, que estaba a cargo de médicos y estudiantes de medicina, la cifra era un 10% mayor , lo que llevó a Semmeweis a realizar pruebas de toda clase para averiguar el motivo de esa diferencia e incluso llegó a considerar la posibilidad de que hubiera mujeres para quienes ser atendidas por hombres supusiera una tensión nerviosa tal que desembocaba en la muerte.

La razón que encontró para esta diferencia era que los médicos practicaban autopsias e inmediatamente salían a la atención de pacientes sin dar paso al lavado de manos o higiene de sus ropas.

Fue tal la presión de la clase aristócrata de la época que Semmelweis perdió su empleo y terminó sus días en un sanatorio psiquiátrico donde falleció en 1865, según algunas fuentes de una infección generalizada o de trastornos relacionados posiblemente con el alzhéimer. Aunque con el descubrimiento de los gérmenes en las siguientes décadas y se comprendió su comportamiento, a partir de Louis Pasteur o de Robert Koch.

Lo que queda claro es que lo que puede ser malo para unos hoy, mañana será la norma a seguir.

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