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Letras Umbrías

  • Foto del escritor: Michel Maya
    Michel Maya
  • 24 jul 2021
  • 3 Min. de lectura

Cómo identificar un alma cansada

Cuando se nos rompe un hueso recurrimos al médico, nos proporciona medicamentos, tratamientos e incluso rehabilitación. ¿Cómo nos percatamos de un hueso roto? Es obvio, el dolor insoportable, la sangre corriendo, etc… Cuando sentimos cansancio, también lo identificamos de inmediato y solicitamos ayuda pero, ¿Cómo nos damos cuenta de que nuestra alma está cansada o rota?


Antes de pasar a los síntomas, nos debe quedar claro que no siempre estará alguien para consolarnos, que la vida es dura y que muchas veces ese mejor amigo, amiga, hermana, hermano, no estarán para nosotros y no porque no quieran, simplemente porque tienen una vida que vivir y problemas que solucionar. Por esto y, principalmente, por autoconocimiento, así como identificamos lo que nos gusta; debemos aprender a reconocer nuestros malestares, lo que nos hace sentir mal, lo que nos duele.

Ahora sí, enlistaré algunos síntomas que, a mi parecer, son importantes y no podemos dejar pasar de largo y que serán de utilidad para saber si tu almita está rota, cansada o enferma.

  • No tienes respuestas a las preguntas sencillas. Cuando alguien te pregunta cómo estás, no encuentras las palabras para responder, porque no sabes cómo te sientes en realidad. La incertidumbre hace que sólo exista seguridad de algo: lo más profundo de tu ser está roto y debes librarte de lo que te hace sentir así.


  • Los pensamientos negativos parecen estar por encima de los positivos. Esto es sumamente peligroso, los pensamientos negativos nunca traerán nada bueno, los celos, el enojo y todos esos pensamientos te llevaran de ser una persona sensitiva a alguien con el corazón frío. Hay que evitarlos a toda costa.


  • No te encuentras en soledad ni en compañía. Estar en compañía de muchas personas te pone de mal humor, las conversaciones te parecen vacías y sin sentido, quieres gritarles a todos que guarden silencio o que eso ya lo contaron miles de veces y cuando te refugias en la soledad, el enojo y la tristeza se apoderan de ti, le guardas rencor a todos por no invitarte a convivir o creas circunstancias en la que te repites una y una vez que ya todos se dieron cuenta que eres un caso perdido y que no vale la pena cruzar palabra contigo.


  • Tienes pequeños o muy grandes ataques de ansiedad o de pánico. La garganta se te cierra, los ojos se te nublan, el sudor frío corre por tu frente. Debes buscar ayuda.


  • Lo venidero te asusta. Lo que te hacía sonreír ya no es de tu interés, el futuro es aterrador, sólo quieres escapar.

Es importante conocernos, hacer esa introspección que nos ayudará a escuchar nuestras propias exigencias. También escuchar a las personas que están a nuestro alrededor, muchas veces ignoramos que nuestra actitud alejará a muchas de ellas pero, otras se quedaran dispuestas a luchar con nosotros. Y eso es lo que debemos valorar y agradecer. Es transcendental actuar cuando nos percatemos de estos síntomas ya que la línea entre el desasosiego y el bienestar es muy delgada, tanto que no podremos darnos cuenta si la cruzamos o lo más importante, si podremos volver.

Podemos ayudarnos con una caminata larga, dejar el celular a un lado, una ducha caliente, dormir hasta tarde o tomar siestas durante el día, dejar de minimizar lo que sentimos, evitar juzgarnos o emitir críticas sanguinarias sobre nuestra persona, buscar ayuda profesional o meditar pero, sobre todo mantener la comunicación aunque parezca difícil, no alejarnos de las personas que amamos y pasar tiempo con ellos. Cuidemos nuestra alma, nuestra mente y nuestro cuerpo, escuchémonos y mantengámonos dispuestos a sanarnos y salir adelante pese a todo lo que pudiera parecer lo contrario.

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