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Letras Umbrías

  • Foto del escritor: Michel Maya
    Michel Maya
  • 1 ago 2021
  • 5 Min. de lectura

Listas ¿Para hacer el súper o para la vida?


Nunca he sido de las personas que tienen listas de cosas por hacer, a mí nadie me dijo que eso era un requisito para la vida. Hace unos años conocí a tres personas muy especiales y que hoy agradezco su presencia en mi vida porque, aunque sigo sin hacer listas, he aprendido a poner atención en lo que antes creía innecesario y a agrupar cosas, situaciones, vivencias, por relevancia. Les contaré un poco de estas personas y sobre lo que aprendí de ellas.

La primera de estas personas era sumamente calculadora, todo debía llevar un orden y si algo lo alteraba podía ocasionar, por mínimo, que estuviera de muy mal humor el resto del día. Un día me encontré con esta persona en el transporte a la escuela, platicamos y me percaté de su mirada insistente al reloj que llevaba en su muñeca. Nuestras clases iniciaban a las 7 de la mañana, era un hecho que llegaríamos tarde. Comenzó a pegar con su pie en el piso, su mirada iba del reloj a al conductor como si eso acelerara las cosas, una marcha del sindicato de trabajadores de la hoy extinta Luz y Fuerza, hizo de las suyas esa mañana. Cargaba consigo una agenda, (algo que me pareció muy extraño a nuestra edad, sólo teníamos 18 años) en esta bonita libretita escribía todas las noches lo que sucedería al siguiente día. Levantarme, tender la cama, bañarme, desayunar, lavarme los dientes, ir a la escuela… incluso enlistaba las materias que correspondían a cada día.


Esa mañana sacó su pequeño cuaderno y tachó con furia la clase que ya no íbamos a tomar. Eran las siete de la mañana y aún faltaba media hora para llegar a la escuela. Su frustración era evidente, le dije que no se preocupara por la clase, al llegar pediríamos los apuntes. Llegamos a la escuela, decidimos ir a la cafetería y esperamos. Platicamos sobre su agenda y me contó que sentía la necesidad de tener el control de todo lo que estaba en sus manos, no del mundo, sólo de su vida y la agenda le ayudaba a sentir que podría, le dije que era muy complicado lo que intentaba hacer, que no siempre tenemos el control de todo, muchas cosas pueden salir bien sin estar planeadas y otras no por mucho que se planeen. El tiempo pasó y cuando revisó su reloj se dio cuenta de que se había detenido, en ese momento llegaron unos compañeros de clase y nos dijeron que habían tenido examen sorpresa. Entré en pánico porque eso me afectaría seriamente con mis calificaciones, esta persona, por su parte estaba sin preocupación alguna ya que no le afectaría gravemente. Concluimos que ni su estilo de llevar las cosas tan metódicamente era bueno, ni el mío tan despreocupado. No reparó su reloj y yo comencé a poner atención a las cosas importantes.


La segunda persona que conocí es súper divertida, posee una personalidad y un sentido del humor maravillosos, salimos a bailar muchas veces y era el alma de las fiestas. Yo siempre fui la que se preocupaba de todo, ya es tarde, ya vámonos, esa persona no me da confianza, creo que quieren aprovecharse de ti… soy una persona a la que le cuesta mucho confiar y loa mayoría del tiempo me mantengo a la defensiva, esta persona era todo lo contrario, muy responsable pero excesivamente confiada; tenía un buen empleo y no tenía ninguna preocupación en prestar dinero a quien se lo pidiera, incluso si eso le afectaba. Nunca vi un ápice de inquietud en su rostro hasta que terminamos la escuela y se vio en un problema de estafas.


Tuvo que hacer muchas cosas para limpiar su nombre, la última vez que vi a esta persona me contó que se acordaba mucho de las cosas que yo le decía sobre el exceso de confianza, sobre el poner más atención a las personas que se le acercan a pedir ayuda. Me contó que se mantiene más alerta pero que aún cree que hay cosas buenas afuera y que trata de mantener el equilibrio. Aprendí de esta persona que no está bien dar todo lo bueno que tenemos de golpe, que hay que saber administrar nuestro cariño y nuestra confianza, que el sentido de alerta siempre debe estar encendido pero que no todas las alertas son un riesgo nuclear, unas se ignoran y a otras se les pone toda la atención que poseemos.


La tercera persona la conocí en el último año de escuela y es la más especial de todas porque ha sido de quien he aprendido mucho más. Un día descubrí que llevaba una lista pero, no era una lista como la primera persona, no, era una lista diferente. Llevaba en ella un recuento de todo lo que ya había hecho y de lo que faltaba por hacer. En esta lista encontré cosas como: ser de los mejores promedios de la generación en preparatoria / obtuve el segundo lugar en promedios de preparatoria. Ser de los mejores en la generación de la universidad. / soy el primer lugar de mi generación. Aprender francés/ no se me dio el francés, intentaré con italiano. Aprender a manejar un auto. / Choqué con el árbol de la casa de enfrente. Seguiré intentando. Esta lista contenía objetivos que se cumplían y otros que no.


Cuando le pregunté sobre esta lista me contó que había recibido muchas críticas al respecto, entre las más obvias estaba la de ¿por qué no poner solamente los logros y dejar los fracasos atrás? Respondió con serenidad: Se necesita esfuerzo para lograr las victorias pero se necesita más para levantarse de los fracasos. Entendí mucho de la personalidad de esta persona y una de las cosas que más aprecio es que me enseñó cómo luchar contra mí misma para ser mejor persona, ¿segura que no puedes? ¿No lo harás? ¿Por qué te saboteas? Puedes hacerlo, enséñame, confío en ti, tú puedes… con esta serie de cuestiones y afirmaciones me ayudó a entender que nosotros mismos somos nuestra fuerza y nuestra debilidad, que podemos regresar dos pasos para dar cien con mucho más ímpetu. Un método que es difícil de mantener pero que es muy efectivo y sumamente gratificante.


¿A qué voy con estas anécdotas? Busco ejemplificar que hay muchas maneras de llevar una lista, que a muchas personas les funcionan y a otras no. Pero los objetivos son los mismos con listas o sin ellas, crecer, darnos nuestras propias satisfacciones, mostrarnos a nosotros mismos de lo que somos capaces de hacer. Aventurarse no es para todos, salir de la zona de confort mucho menos, lo que debemos hacer es evitar estropear el camino de quien nos rodea por estos temores y trabajar arduamente en fortalecernos para poder dar lo mejor de nosotros mismos. También debemos saber pedir consejos y aceptarlos, entender que no somos omnipotentes y que muchas veces recibir apoyo de quien lo ofrece no nos hará débiles y que nos ayudará a ver lo que nosotros no estamos viendo.


Si eres de los que lleva listas no te agobies por lo que no pudiste realizar satisfactoriamente, sé bueno contigo mismo y vuélvelo a intentar. Si eres de los que no lleva lista tampoco te agobies por no llevar una, sólo pon atención a los detalles para evitar contratiempos porque, al final, todos tenemos un camino por recorrer y los tramos que dejamos atrás son igual de importantes que los que estamos por descubrir.

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