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Lo que no pudo ser

  • Foto del escritor: Mauricio Espinoza
    Mauricio Espinoza
  • 22 feb 2021
  • 3 Min. de lectura

Las decisiones que se toman en política tienen un peso y un impacto muy grande tanto para quien las toma y decide ejecutarlas, como para aquellos sobre quienes recaerá el efecto de esas decisiones. Es decir se produce un efecto que impacta tanto a gobernados como a gobernantes.

Debido a la decisión de cancelar el NAIM, la Auditoria Superior de la Federación dio a conocer que el costo total por la cancelación del aeropuerto de Texcoco será de un poco más de 300 mil millones de pesos. Lo cual es un tema sumamente delicado para las finanzas públicas y para el futuro de los mexicanos.


Definitivamente la decisión de cancelar el aeropuerto fue una de las peores decisiones que este gobierno ha tomado, el presidente Andrés Manuel López Obrador no midió los efectos de esta decisión y hoy está condenando al pueblo de México a pagar una deuda por años.


Así es, es una deuda que pasará a ser deuda pública y ahora deberá ser costeada por el pueblo de México, a esto hay que sumarle el costo por la construcción del aeropuerto de Santa Lucia. Que si bien tendrá un costo menor, no quiere decir que no implique gasto para el gobierno mexicano y para la ciudadanía.


Quizá muchos no estamos de acuerdo con esta decisión, sin embargo el origen del problema se encuentra en la obra de Texcoco. El aeropuerto de Texcoco se llevaba a cabo con una inversión público privada, dicho aeropuerto comenzó a construirse en 2014 anunciando que su valor total sería por la suma de 169 mil millones de pesos, la mitad de lo que hoy está costando su cancelación.


Dos años después del comienzo de su construcción, la misma Auditoría Superior de la Federación señaló irregularidades en el financiamiento del aeropuerto, lo cual dio a López Obrador el motivo de introducir en sus propuestas de campaña cancelar la obra en caso de ganar.


Para 2018 y solo con un 31% de avance en la construcción el aeropuerto en Texcoco ya había aumentado su costo de construcción a 260 mil millones de pesos, lo cual reflejaba ya un claro problema en la ejecución del proyecto. Por ello la pregunta obligada es; ¿Cuál hubiese sido el costo real del aeropuerto de Texcoco?


Quizá el monto se hubiese elevado mucho más. Sobrepasando el costo de su cancelación. La solución hubiese sido limpiar la corrupción y los vicios que existían en los contratos para hacer eficiente y sustentable la obra. Sin embargo, el presidente optó por la opción menos viable y que en su momento le generó apoyo político, hoy ese apoyo que obtuvo en el momento puede revertirse.


Total el mal ya está hecho y no me refiero solamente a lo que se da a conocer ahora, recordemos que los males comienzan cuando en la idea original se encuentra la falla. El mal no comienza ahora, el mal comenzó en el momento en que la administración de Peña Nieto no logro llevar a buen puerto la obra del aeropuerto. De haber hecho las cosas bien, López Obrador no hubiese tenido la oportunidad de cancelar la obra.


Los responsables entonces son todos, el problema de México y sus gobernantes es que las decisiones las toman para llenarse los bolsillos de dinero o bien para enaltecer su nombre con alguna obra significativa. Pero ninguno absolutamente ninguno ha realizado proyectos viables qué puedan dar verdadero desarrollo al país.

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