Un año
- Ángel Armando Castellanos

- 9 abr 2021
- 2 Min. de lectura
Esto no es una columna
"Estudias para trabajar, trabajas para mejorar, que para ser independiente", escribió Daniel Gutiérrez en el tema 'Tú Volverás', un tema sobre una relación codependiente, como muchos del álbum 'Monarca'.

Hoy no pretendo hablar de relaciones codependientes, al menos no que involucren sentimientos de apego insano de una persona hacia otra.
Estoy cumpliendo un año de trabajar desde casa.
Estoy cumpliendo un año de trabajar desde casa.
Mierda.
Parte del éxito del sistema en que el vivimos (sobrevivimos) es hacernos creer que si cumplimos con ciertas condiciones, algo llamado "éxito" llegará en algún punto.
El home office incluyó en el paquete volver a casa de mis padres y aceptar que ellos pagaran por lo que como todos los días. Sí, trabajar y al mismo tiempo aceptar eso.
Estudié una licenciatura y tengo 13 años trabajando en medios de comunicación.
"Estudias para trabajar, trabajas para mejorar, que para ser independiente".
Alguien engañó a Daniel cuando escribía esa letra, a la persona a la que Daniel le escribió esa letra, y a los que -pese a nuestras dudas- la creímos.
Mi mejor amiga dijo alguna vez que "elegir implica renunciar".
Me dan ganas de borrar todo lo que he escrito, pero tomo la alternativa de respetar el esfuerzo que puse en hacerlo. Renuncio a mandarme al carajo.
Formo parte de una generación y un estrato social al que le enseñaron que si esforzaba lo suficiente podría lograr lo que se propusiera; y yo prefiero creer que todavía no logré nada, como motivación para seguirme esforzando, aunque a veces no sé qué quiero lograr.
Es terriblemente conflictivo mezclar la idea de éxito con la de culpa cuando no se consigue lo que se buscaba.
El sistema también tiene la increíble habilidad de vender ideas prefabricadas y simples de éxito y de fracaso. Y me parece que el paquete de fracaso incluye la necesidad de buscar la satisfacción de un sistema que no tiene llenadera, como camino a nuestra propia satisfacción.
"Piensas y actúas como aquel a quien amas, ya no tienes voluntad propia", dice la tercera etapa de la obediencia perfecta.
La frase aparece en una película que también se llama Obediencia Perfecta y que narra los abusos y la romantización de los abusos del cura Marcial Maciel en contra de niños y adolescentes.
¿Cuándo dejamos de tener voluntad propia?
¿Cuándo empezamos a creer que nuestra voluntad y la de quien nos domina es similar?
¿Por qué apelamos o nos recargamos el sentido moral y/o empático del opresor?
A veces pienso que el éxito del sistema pasa por convertirnos a todos en Julián, el niño que adora a ese sacerdote y que le exige exclusividad en los abusos...
...Y me mareo de sólo imaginar que como Julián, creemos que vamos por el camino correcto.




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