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Voluntad o simulación

  • Foto del escritor: Mauricio Espinoza
    Mauricio Espinoza
  • 1 jul 2021
  • 2 Min. de lectura

Nada a Medias

En el consiente colectivo de los mexicanos está siempre presente el gran mal que nuestros gobernantes le han provocado al país y a los ciudadanos, por lo cual en muchas ocasiones hemos hecho el llamado a la justicia y que quienes gobiernan de forma contraria a los intereses del país y su gente paguen por sus actos.



Por esta razón una de las grandes promesas de el actual gobierno puede comenzar a cumplirse. El próximo primero de agosto se celebrará la consulta popular para enjuiciar a expresidentes por sus actos cometidos en el pasado. En dicha consulta se pretende tomar en cuenta la voluntad del pueblo mexicano para condenar o no a los funcionarios del pasado.

Sin embargo, esto provoca demasiadas dudas y controversias, pues no está del todo claro como funciona ni cuál es la finalidad de llevarla a cabo. Comencemos por lo que está mal en el planteamiento de este ejercicio democrático.


Debido a la finalidad por la cual se pretende llevar a cabo, esta consulta es un error garrafal, es una muestra más de que nuestro sistema de justicia es un ente sin los instrumentos y capacidad de promover acciones de castigo judicial en contra de los gobernantes. Por otra parte, es una muestra de la poca voluntad qué el presidente tiene por castigar a quienes han dañado al país.


La consulta para enjuiciar a expresidentes cae en el grado de simulación, puesto qué no es necesario consultar para castigar. En el deber ser de la justicia, si alguien es culpable de algún delito, este debe ser castigado sin tener que consultar a nadie para hacerlo pagar o no por su delito. Por ello la consulta es una clara muestra de que no hay voluntad política para comenzar a castigar verdaderamente.


Otra de las cuestiones que hacen más difícil el mecanismo de la encuesta, es que para qué esta sea vinculante, es decir que pueda tomarse en cuenta el resultado y en consecuencia actuar contra los expresidentes en caso de ganar el “sí”, debe haber una participación del 40% del padrón electoral. Esta cantidad equivale aproximadamente a unos 35 millones de votos lo cual suena prácticamente imposible de lograr, a excepción de que los mexicanos hagan una gran labor democrática.


Ahora, si le buscamos el lado bueno a la consulta, podemos encontrar algunas cosas favorables. En primer lugar sería el primer ejercicio democrático de consulta popular ( fuera de las elecciones) en el qué la ciudadanía pueda decidir sobre un tema relevante. Es decir, es la puerta para hacer crecer la democracia y hacer visibles los mecanismos que tenemos los mexicanos para hacer valer nuestra opinión.


También puede ser el precedente para impulsar leyes y reformas ciudadanas, así como promover otro tipo de acciones legales contra otros personajes políticos. En general, la consulta puede hacer crecer la democracia y la forma en que se hace política en nuestro país.


Como me lo dijo una buena amiga politóloga, “esta consulta no tiene pies ni cabeza” y esa es la verdad, en lo personal pienso qué es una ocurrencia del presidente y un montaje para evadir la responsabilidad de actuar con firmeza contra quién tenga qué hacerlo. La justicia no se consulta, simplemente se aplica.

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